En El Plantel, cuentan con dos líneas de producción. La primera, más sencilla, se basa en la producción de plántulas convencionales. A partir de semillas producen plantas que dan lugar a cultivos hortícolas resistentes. Aunque se trata de un proceso no tan exigente, necesitan mantener la temperatura ideal en los invernaderos: “Tenemos unos quemadores de gas, a los que llamamos máquinas de calefacción, donde echamos el humo por las chimeneas y metemos solamente calor dentro de los invernaderos. Así, las plantas tienen su temperatura idónea en cada momento”. En estos procesos, se necesitan unas condiciones que pueden fluctuar en más o menos un 20% de la temperatura necesaria.
La segunda línea de producción se basa en el injertado de plántulas. Este es un proceso complejo y en el que se necesita mucho cuidado y trabajo, al que dedican más de 300 empleados. Según cuenta el director gerente, "el injertado es un proceso en el cual con dos plantas se hace una, cogiendo la raíz de una planta y la parte aérea de otra, [...] y lo que da es un fruto de una calidad excepcional con muy buen sabor, buen color, y con un fruto excepcional”.
Por ello, el gas licuado se vuelve esencial. “Es muy preciso, no obtura ningún circuito, y siempre la combustión es igual”, explica Escudero. Esta característica del gas licuado, la precisión, es muy importante para el proceso de injertado, dado que una mínima variación en la temperatura puede matar la planta.