P: El gas licuado o autogas forma parte de la transición energética del taxi. ¿Qué ventajas ofrece este combustible a los profesionales?
R: Precisamente porque el uso de un taxi es más intensivo que el de un vehículo particular y teniendo en cuenta que un porcentaje importante de la flota carece de aparcamiento privado -hay un porcentaje de taxis que son trabajados a 2 turnos y no tienen tiempo material para hacer una carga lenta completa- y además también los hay que utilizan ese vehículo para desplazarse fuera de la ciudad en vacaciones, el vehículo eléctrico tampoco es el más idóneo para estos grupos.
Es ahí donde el gas licuado tiene un papel importante: permite la reducción de emisiones y descenso de costes, siendo una buena alternativa para, en unos casos, servir de transición hacia el vehículo eléctrico, y en otros como solución definitiva, habida cuenta de las circunstancias específicas de determinados profesionales.
P: ¿Habéis observado una evolución positiva en términos de calidad del aire gracias a la renovación de la flota y al uso del autogas?
R: Analizando la composición de la flota, tenemos que actualmente un 20% de los titulares de licencia ha renovado por un vehículo que de serie estaba impulsado a gas licuado y, además, otro 20% de ellos ha adaptado su vehículo híbrido de gasolina a autogas. Entre unos y otros, un 40% de la flota consume gas licuado en lugar de gasolina u otro combustible más contaminante. Si la gasolina emite 140 a 160 gramos de CO2 por kilómetro, y el gas licuado emite entre un 10% y un 15% menos de CO2, además de reducir notablemente las partículas contaminantes y los óxidos de nitrógeno (NOx), podemos concluir que la reducción de emisiones de ese 40% no es menor.
Si miramos la evolución de las ventas de nuestras gasolineras, después de toda la inversión que hemos hecho en ellas, en apenas un lustro han pasado de suministrar sólo gasoil a suministrar el 50% de gas licuado, el 30% gasolina, el 15% de gasoil y el 5% de GNC.