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Historia del gas licuado, una energía con pasado, presente y futuro

30/12/25

AGL
HISTORIA

Fácil de almacenar, transportar y clave para llevar la energía a donde otras no llegaban: así empezó la historia del gas licuado, una solución energética que versátil y eficiente, que no deja a nadie atrás.

Del laboratorio a los hogares 

A comienzos del siglo XX, el químico estadounidense Walter O. Snelling cambió el panorama energético. Mientras investigaba la composición del petróleo en 1910, descubrió que algunos de sus componentes más volátiles, como el propano y el butano, podían separarse y licuarse a presión, permitiendo su almacenamiento y transporte seguro.

En 1912, Snelling instaló el primer cilindro de propano en la granja de su padre en Pensilvania para cocinar e iluminar el hogar, dando origen a la “distribución” del gas licuado. Poco después patentó el proceso y su uso empezó a extenderse en aplicaciones domésticas e industriales. Esta energía demostraba ya entonces dos de sus grandes virtudes: eficiencia energética y flexibilidad, cualidades que marcarían su expansión mundial durante las décadas siguientes. 

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El gas licuado llega a Europa 

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En las primeras décadas del siglo XX, el gas licuado del petróleo comenzó a abrirse camino en Europa como una solución energética innovadora, especialmente indicada para zonas sin acceso a redes de gas canalizado. En 1932 se aprobó la primera normativa de seguridad específica para el gas licuado por parte de la National Fire Protection Association (NFPA), un paso clave para generar confianza en su uso.

Poco después, en 1934, se comercializó en Francia el primer cilindro de gas licuado, impulsado por una gran compañía petrolera. A finales de los años 30, el combustible ya se utilizaba en varios países europeos, tanto en hogares como en pequeñas industrias, gracias a su facilidad de transporte, alto poder calorífico y versatilidad.

España, sin embargo, tuvo una incorporación más tardía. La Guerra Civil y los difíciles años de la posguerra frenaron la modernización del país y relegaron la innovación energética a un segundo plano. El punto de inflexión llegó el 27 de septiembre de 1957 con la creación de Butano S.A. El objetivo era ofrecer a la población una energía moderna, asequible y eficiente en un momento en el que millones de hogares aún dependían del carbón o la leña. En solo un año, ya se distribuían decenas de miles de bombonas por todo el país. 

Avance en España: hacia el gas licuado del futuro 

La expansión del gas licuado en España fue tan rápida como transformadora. Durante los años 60 y 70, esta energía se fue consolidando en los hogares: agua caliente, cocinas con gas y una mejora general de la calidad de vida. La bombona naranja, única en Europa, y la figura del butanero pasaron a formar parte del imaginario colectivo.

Con el tiempo, el gas licuado amplió sus usos, llegando a la industria, al sector servicios y también a la automoción, donde hoy vive un nuevo impulso como combustible que expulsa menos partículas al aire. Actualmente, España cuenta con cientos de puntos de suministro y crecientes flotas de vehículos de distintos servicios que apuestan por el gas licuado por ser una opción más accesible, con menores emisiones y plenamente disponible.

Desde AGL recordamos que esta historia de éxito continúa. El gas licuado y los gases renovables como el bioGLP o el rDME representan una solución energética real para avanzar en la descarbonización, aprovechando infraestructuras existentes y garantizando seguridad de suministro. Una energía con pasado, presente y, sobre todo, mucho futuro en España y Europa. 

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