El principio de funcionamiento de un globo aerostático es sencillo: el aire caliente es menos denso que el aire frío, por lo que al calentarlo en el interior del globo logra la sustentación necesaria para elevarse.
Para generar ese calor se utilizan quemadores de alta potencia alimentados por gas licuado. El combustible se almacena en botellas presurizadas en estado líquido y, al llegar al quemador, pasa a estado gaseoso para mezclarse con el aire y producir una llama de gran intensidad capaz de elevar rápidamente la temperatura del aire contenido en el globo.
Dentro del gas licuado existen diferentes composiciones que pueden emplearse en función de las necesidades. Por un lado, el propano ofrece comportamiento eficiente y óptimo a bajas temperaturas gracias a su menor punto de ebullición y a una presión de vapor más elevada, lo que garantiza un suministro estable incluso en condiciones climáticas complejas. Por otro, la mezcla de propano y butano también pueden usarse, siempre que se tengan en cuenta aspectos como la composición del combustible o las condiciones ambientales.
Los equipos de vuelo incorporan además sistemas de regulación que permiten controlar con precisión el caudal de combustible hacia los quemadores. El piloto realiza pequeñas ráfagas de calor para mantener la altitud según se necesite, optimizando el consumo y garantizando un funcionamiento seguro durante todo el vuelo.