Si el autogas ya ofrece ventajas claras, su evolución renovable multiplica su potencial. El bioautogas, que se está empezando a producir a mayor escala, representa un paso importante hacia la neutralidad climática. “Del refino del HVO se obtiene bioautogas directamente; en función de que vaya incrementándose la producción de HVO -que es la estrategia europea con los biocombustibles-, se irán produciendo cada vez más toneladas de bioautogas”, explica.
De hecho, los avances actuales son claros, como apunta Silva: “Hemos sido capaces de certificar que estamos reduciendo hasta un 93% el CO2”. Esto sitúa al bioautogas como una solución capaz de adelantarse a los objetivos europeos: “tenemos, en 2026, un combustible que ya está por encima de lo que Europa nos exige en 2050”.
Uno de los retos a los que se enfrenta el sector es garantizar su trazabilidad. Para ello, se trabaja en sistemas que certifiquen el origen renovable del combustible, asegurando que los vehículos operen realmente con bioautogas.
En paralelo, el desarrollo tecnológico continúa. La ampliación de motores y gamas permitirá llevar esta solución más allá de la última milla, extendiéndola a vehículos de mayor tonelaje. En palabras de Silva, el mensaje es claro: “El autogas es una realidad, y el bioautogas es una oportunidad de futuro que hay que hacérsela ver al mercado”. Un camino en el que innovación, colaboración y visión a largo plazo serán claves para transformar el transporte.
El autogas ya ha demostrado su capacidad para responder a los retos actuales del transporte, especialmente en entornos urbanos donde la reducción de emisiones es prioritaria. Su evolución hacia el bioautogas refuerza aún más su papel como solución de presente y futuro, capaz de combinar eficiencia, sostenibilidad y accesibilidad.