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El modelo energético en España y el papel del gas licuado

18/11/21

GASLICUADO
FIRMAS

En la situación energética en la que nos encontramos, es un buen momento para analizar las soluciones que tenemos disponibles para potenciar la transición energética española. En este sentido, el gas licuado es una alternativa eficiente, sostenible y de bajo coste. Escrito por Xavier Martínez.

En los últimos días, hemos asistido a un intenso debate sobre el modelo energético y el rol que las distintas opciones de energía deben jugar en España en los próximos años.

Por un lado, existe un amplio consenso sobre el concepto teórico de acelerar el desarrollo de las fuentes energéticas renovables, si bien con distintos matices sobre el tipo concreto. Pero, por otro, este deseo choca a menudo con dos duras realidades: el enorme papel que aún juegan los combustibles convencionales y las dificultades prácticas del desarrollo de las renovables.

La combinación simultanea de ambos elementos y la falta de una visión acordada de cual es “la salida” crea creciente frustración, desánimo, enojo o precipitación según quién sea el público objetivo (clientes, empresas, administración).

Ante esta situación, creo conveniente recordar que tenemos soluciones disponibles que no son consideradas de manera suficiente. El gas licuado es una de ellas. 

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El rol del gas licuado como solución energética

El propano y el butano, conocidos también como gas licuado y en su versión para consumo en motores como Autogas, son dos gases que se licuan con presión moderada y son fácilmente transportables.

Con origen en las actividades de refino del petróleo y en los campos de producción de gas natural, el gas licuado se comercializa para su consumo en bombonas o depósitos. Esta energía no produce efecto invernadero y con sus múltiples aplicaciones de uso contribuye directamente a 7 de los 17 objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas.

Este gas tiene un doble rol a la hora de contribuir en la transición energética de España:

Por un lado, y con independencia del éxito en el desarrollo de las fuentes renovables, los combustibles fósiles serán la base del consumo energético los próximos 20 años. Si esto va a ser así, ¿qué sentido tiene no promover y apoyar a los más limpios, bajos en carbono y a la vez más eficientes? La sustitución de los combustibles tradicionales por el gas licuado nos ayuda a dar ya mismo pasos en la dirección correcta, con el mínimo coste.

Por otro lado, gracias a la flexibilidad de los distintos formatos disponibles para el consumo (envasado, granel, canalizado, autogas) y a su cadena de suministro se pueden llevar esos beneficios hoy mismo a cualquier punto de la geografía, tanto para los consumos particulares como para los profesionales. Así, no son necesarias infraestructuras para la distribución del producto que requieran sistemas de retribución estatal (como las redes de gas natural o de electricidad). Esto hace que el sector tenga una especial sensibilidad para temas tan actuales como la “España vaciada”.

Reducir la contaminación gracias al gas licuado

Por si no fuera suficiente con reducir las emisiones de CO2, los gases de efecto invernadero y aumentar la eficiencia, el gas licuado tiene una cualidad que lo hace especialmente único: sus bajas emisiones de azufres y partículas, que son los principales causantes de la mala calidad del aire en muchos entornos tanto urbanos como rurales.

De hecho, esto es considerado, a veces, como un problema más acuciante, incluso, que el calentamiento global.

En un reciente estudio publicado por la Universidad de Harvard, se indica que en torno a 44.600 personas mayores de 14 años fallecen cada año debido a la contaminación, con especial incidencia en las zonas urbanas. Es aquí donde una solución como el Autogas puede tener un impacto inmediato, significativo y con un coste de conversión mínimo para el usuario, que además recuperará rápidamente por el menor precio de este combustible.

El gas licuado también garantiza la “neutralidad tecnológica”, dónde “descarbonizar el consumo” se antepone al paradigma generalizado actual de “electrificar el consumo”.

En concreto, como energía que se almacena cerca del punto de consumo, no tiene pérdidas “de transporte” que deba soportar el usuario. Según datos de la CNMC, las pérdidas estimadas en la distribución anual en España están por encima de los 25 TWh/año. Esto equivale al consumo de más de 6 millones de hogares, y cuyo coste es redistribuido entre todos los consumidores.

Además, también cabe destacar que el gas licuado no es una solución sólo temporal. El sector está totalmente comprometido en la reducción de emisiones en su cadena de distribución y en la introducción futura de soluciones de origen sostenible y emisiones neutras.  

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Barreras para el aprovechamiento del gas licuado

A la hora de realizar un mejor aprovechamiento del gas licuado, creo que hay tres barreras principales.

En primer lugar, el desconocimiento del gas licuado como producto y de todas sus aplicaciones por parte del público en general. En este sentido, es labor de todas las instituciones público-privadas que forman parte del sector el contribuir a su divulgación, como ya hacemos desde la Asociación Gas Licuado.

En segundo lugar, la ausencia de una mayor “neutralidad tecnológica” en el proceso de transición energética. El excesivo “foco” sobre la electrificación no permite ver otras combinaciones de soluciones existentes y que pueden acelerar el camino.

Por último, la creación de las condiciones adecuadas de mercado en el sector que permitan promover la competitividad, aprovechar el máximo potencial del mismo y proteger a los consumidores más vulnerables. Esto puede hacerse con la completa liberación del envasado y, de forma simultánea, la aplicación del modelo de bono social ya existente para otras energías.